Nelson Shack fue
designado como el nuevo contralor general de la República el 20 de julio del
pasado año, después de que se destituyó del cargo a Edgar Alarcón por graves
cuestionamientos de corrupción. Desde el inicio de su gestión prometió
gestionar una nueva Ley Orgánica del Sistema Nacional de Control para
reestructurar la contraloría, enfocándose en la lucha contra la corrupción.
Además, dijo que era imprescindible que el órgano de control cuente con un
mayor presupuesto puesto que el que manejaban era insuficiente.
El Congreso de la República aprobó por unanimidad la Ley de
Fortalecimiento de la Contraloría (Ley N° 30742) por lo tanto, el parlamento brindó
el apoyo a esta entidad para que cuide los recursos del Estado y luche contra
la corrupción. A solo unos días de ser nombrado Martín Vizcarra, como nuevo
Presidente Constitucional del Perú, se promulgó la mencionada ley desde palacio
de gobierno, junto con el presidente del congreso y otros parlamentarios fujimoristas,
apristas y del frente amplio.
Por otro lado, el nuevo
gobierno ha dispuesto que gobernará bajo medidas de austeridad para ahorrar
millones de soles al recortar gastos insulsos en materia de bienes y servicios.
Sin embargo, la Contraloría General de la República ha decidido inflar
notablemente su planilla de altos funcionarios, creando burocracia dorada al
amparo de la mencionada Ley de Fortalecimiento y del Sistema Nacional de
Control.
En efecto, en su nuevo Reglamento de Organización y Funciones, publicado
esta semana, la contraloría ha cambiado su organigrama, mediante el cual ha
incrementado en más del 30% el número de altos funcionarios de esa institución,
que tiene uno de los sueldos más elevados del Estado. Han pasado a tener dos vice contralorías, de tener solo 12 gerencias a 18; de
contar con 34 departamentos se aumentó a 53 subgerencias y subdirecciones.
Cada una de las 53 subgerencias y subdirecciones creadas supone la
contratación de igual número de altos funcionarios con sueldos elevados,
quienes a su vez tendrán a su cargo a diversos colaboradores. ¿Es esta la
reforma austera qué quiere llevar a cabo la contraloría para combatir la
corrupción? ¿Una reforma de sueldos dorados? Esto nadie lo denuncia, ni nadie
parece querer darse cuenta. Hay un silencio cómplice del gobierno, del congreso
y de la misma prensa. Hay que agregar que el hecho de que en la contraloría
están ingresando funcionarios públicos cercanos al fujimorismo contamina
políticamente esta importante institución. Cada vez peor.
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